De Cuba a las filas de Putin en semanas: Nuevos mercenarios siguen llegando a Rusia en 2026

Cubano en la invasión rusa de Ucrania Foto © Instagram / @el_sensei2002

El 24 de abril de 2026, un joven cubano que se identifica en Instagram como El Sensei 2002 publicó un video aparentemente grabado desde un avión.

«Puedo salir pero siempre regresaré», escribió en la red social junto a una bandera cubana y un corazón.

En su perfil se presenta como originario de Cienfuegos y declara haber nacido el 19 de febrero de 2002. Tenía, por tanto, 24 años cuando comenzó la secuencia de publicaciones analizada ahora por CiberCuba.

Al día siguiente, el 25 de abril, su cuenta publicó otro video bajo el título «Los cubanos en Moscú: la triste realidad». En las imágenes aparece un grupo de personas con chalecos reflectantes retirando nieve de una calle, mientras se escuchan voces con marcado acento cubano.

Menos de siete semanas después, el escenario era radicalmente diferente.

El 10 de junio, 46 días después de aquella publicación situada en Moscú, el joven apareció en Instagram vestido con uniforme de campaña, casco y equipo táctico, portando un arma larga y municiones y con una bandera rusa en su vestimenta. Al parecer, el joven ya se encontraba entrenando en el ejército ruso y mostraba ejercicios de tiro con ametralladora (calibre 7,62 × 54 mm R) y lanzamiento de granadas.

La publicación incluía además la etiqueta rusa #сво, siglas utilizadas por Moscú para denominar oficialmente como «operación militar especial» la invasión de Ucrania.

Es el primer registro localizado por CiberCuba en el que el joven se presenta inequívocamente equipado como un combatiente ruso.

No sería el último.

Una guerra contada en Instagram

Las publicaciones posteriores permiten reconstruir una suerte de diario público de su experiencia militar.

El 12 de junio volvió a aparecer armado con un fusil tipo Kaláshnikov en una zona boscosa y acompañado por otra persona con apariencia militar.

Uno de sus seguidores le advirtió en los comentarios sobre el peligro de utilizar teléfonos móviles por la posibilidad de ser localizado por drones. «Sí, bro, hay que cuidarse», respondió.

Una semana después, el 19 de junio, publicó nuevas imágenes con uniforme y símbolos rusos. En su vestimenta llevaba un parche circular cuya inscripción puede leerse como «Победа будет за нами», equivalente a «La victoria será nuestra», un conocido lema patriótico y militar ruso.

En julio su discurso se hizo todavía más explícito.

«Para muchos esto es una locura; para mí es simplemente una descarga de adrenalina», escribió en ruso en una publicación del 13 de julio, acompañada nuevamente por etiquetas relacionadas con la llamada «operación militar especial» y los cubanos en Rusia.

Durante agosto continuó mostrándose con equipamiento militar. El día 23 apareció con casco, gafas de protección, camuflaje y un machete, acompañado de la frase: «Los celos son para inseguros, yo tengo fusil y machete».

El 3 de septiembre exhibió otro parche con la expresión rusa «Играю за нал», que coloquialmente puede interpretarse como «juego por efectivo» o «lo hago por dinero». El diseño muestra a un soldado caricaturizado y billetes.

El parche no demuestra cuáles son las condiciones de su eventual contrato ni permite concluir que el dinero sea su única motivación. Pero forma parte de la imagen que voluntariamente proyecta en sus redes sociales.

La secuencia llega hasta septiembre y muestra una presencia continuada en un entorno militar, no una fotografía aislada con un uniforme.

CiberCuba no ha podido determinar de manera independiente a qué unidad pertenece, las condiciones bajo las que se incorporó a las fuerzas rusas ni el lugar exacto donde fueron grabadas las imágenes.

«A veces no hay muchas opciones»

La explicación más clara sobre sus motivaciones la ofrece el propio joven en un video publicado el 7 de septiembre.

Vestido nuevamente con uniforme militar, habla directamente a la cámara y presenta el riesgo que ha asumido como una decisión personal relacionada con el bienestar de su familia.

«Yo nunca voy a culpar a Dios si me pone a escalarle una montaña, ¿tú sabes por qué? Porque fui yo quien le pidió estar en la cima. Y no por mí, sino por el bienestar de mi familia, en serio», afirma.

Después pronuncia una frase particularmente reveladora: «A veces no hay muchas opciones y hay que lanzarse por la primera que hay, aunque sea la más arriesgada de todas».

«Acuérdate que la suerte de Juan no es la misma que la de Pedro», concluye.

Sus palabras dibujan un escenario diferente al descrito por cubanos que han denunciado haber llegado a Rusia atraídos por falsas ofertas de empleo y descubrir posteriormente que serían enviados a la guerra.

En la historia que El Sensei 2002 ha decidido contar públicamente, el riesgo no aparece oculto ni rechazado, sino asumido como el precio de una oportunidad para mejorar el bienestar de su familia.

Eso no permite conocer cómo fue reclutado, qué le prometieron, cuánto dinero recibe o qué condiciones figuran en su eventual contrato. Tampoco permite descartar abusos posteriores a su incorporación.

Pero en las publicaciones revisadas por CiberCuba no aparecen denuncias de engaño, coacción, arrepentimiento o deseos de abandonar las fuerzas rusas.

Por el contrario, durante meses el joven ha exhibido armas y símbolos rusos, ha utilizado la terminología de Moscú para referirse a la guerra, ha hablado del «enemigo» y de los drones y ha presentado la experiencia como una fuente de adrenalina.

Su propia declaración aporta además un matiz importante: considera que tomó una decisión, pero también reconoce que percibía pocas alternativas.

De 17 detenidos a una guerra que no terminó para los cubanos

El interés periodístico de la historia trasciende al protagonista.

Su cronología aporta evidencia reciente de que ciudadanos procedentes de Cuba continúan incorporándose a las fuerzas rusas en 2026, casi tres años después de que el régimen asegurara haber actuado para detener precisamente ese fenómeno.

En septiembre de 2023, después de que comenzaran a multiplicarse los testimonios de cubanos reclutados por Rusia, el ministerio del Interior (MININT) aseguró haber descubierto una red de tráfico de personas que operaba entre Rusia y Cuba.

Las autoridades anunciaron entonces la detención de 17 personas.

Según la versión oficial, una de ellas actuaba como «organizadora interna», auxiliada por otras dos residentes en Cuba. Los reclutadores buscaban interesados en viajar a Rusia, enviaban sus datos y desde ese país se gestionaban los pasajes.

Las propias autoridades reconocieron que algunos participantes se habían incorporado voluntariamente atraídos por compensaciones económicas y la posibilidad de obtener residencia en Rusia.

La Fiscalía advirtió entonces que los hechos podían constituir delitos de mercenarismo y que los responsables enfrentarían severas sanciones.

Meses después, sin embargo, trascendió que algunos de los detenidos habían sido excarcelados.

Desde entonces, el gobierno cubano no ha ofrecido públicamente un balance transparente que permita conocer qué ocurrió con todos los acusados, cuántos fueron finalmente juzgados y condenados o qué estructuras de reclutamiento quedaron efectivamente desmanteladas.

La Habana asegura que tomó medidas

En junio de 2025, el vicecanciller Carlos Fernández de Cossío volvió a deslindar al gobierno cubano de cualquier responsabilidad en el reclutamiento.

El funcionario aseguró que La Habana había hecho público y denunciado el fenómeno, había tomado medidas e incluso hablado con otros gobiernos. También atribuyó las operaciones de captación a redes externas y recordó que las leyes cubanas prohíben que ciudadanos bajo jurisdicción de la Isla participen en guerras extranjeras.

El caso reconstruido ahora por CiberCuba no demuestra que las autoridades cubanas organizaran el reclutamiento de este joven, que conocieran el propósito de su viaje o que facilitaran conscientemente su incorporación a las fuerzas rusas.

Pero coloca bajo una nueva luz la eficacia de aquellas medidas.

El 24 de abril de 2026, el joven publicaba un video relacionado con su salida de Cuba. Al día siguiente situaba una publicación en Moscú. Para el 10 de junio ya se mostraba armado y equipado con símbolos rusos.

Más de mil cubanos identificados

El caso tampoco aparece en el vacío.

En mayo de 2025, CiberCuba analizó un dossier divulgado por el proyecto ucraniano Quiero Vivir que contenía información sobre 1.028 ciudadanos cubanos reclutados por las fuerzas rusas, incluidos nombres, edades, documentos y fechas de incorporación.

Investigaciones posteriores continuaron revelando casos de cubanos muertos, desaparecidos o capturados en Ucrania.

Otro análisis de CiberCuba encontró además una llamativa coincidencia temporal entre los momentos de mayor reclutamiento de cubanos y el incremento de las conexiones aéreas, intercambios diplomáticos y acuerdos entre Moscú y La Habana.

El caso de El Sensei 2002 presenta una particularidad adicional: su salida se produjo en 2026, cuando las conexiones aéreas directas entre Cuba y Rusia atravesaban importantes suspensiones debido a la crisis de combustible de aviación en la Isla.

CiberCuba no ha podido establecer qué ruta utilizó para llegar a Rusia.

Mercenarios, engañados y una frontera que no siempre es sencilla

Las historias conocidas de cubanos en las fuerzas rusas no responden a un único patrón.

Hay testimonios de personas que aseguran haber viajado bajo falsas ofertas de empleo civil y terminar en instalaciones militares. Otros cubanos han reconocido haberse incorporado voluntariamente atraídos por salarios, residencia o ciudadanía rusa.

Incluso las autoridades cubanas admitieron en 2023 que entre los reclutados había personas que habían aceptado voluntariamente las ofertas.

Todo lo observado hasta ahora en el perfil de El Sensei 2002 resulta más compatible con una decisión asumida conscientemente que con la imagen de alguien que descubre repentinamente que ha sido enviado a una guerra.

Pero sus palabras también exponen otra realidad.

«A veces no hay muchas opciones», dice antes de explicar que decidió lanzarse por la primera disponible aunque fuera «la más arriesgada de todas».

Para un joven cubano de 24 años, una guerra a miles de kilómetros de su país parece haberse convertido en una alternativa aceptable para intentar garantizar el bienestar de su familia.

La precariedad económica y la falta de oportunidades pueden ayudar a explicar una decisión de esa naturaleza. No eliminan la responsabilidad individual de quien decide participar voluntariamente en una guerra ni convierten automáticamente esa decisión en trata de personas.

En las publicaciones analizadas, además, el conflicto aparece casi despojado de contenido político. No hay reflexiones visibles sobre Ucrania, las razones de la invasión o sus consecuencias humanas.

Hay familia, armas, dinero, riesgo, adrenalina, religión y supervivencia.

Los cubanos siguen llegando y La Habana sigue sin dar cifras

A pesar de la magnitud alcanzada por el fenómeno, el régimen cubano no ha ofrecido un balance público sobre cuántos ciudadanos de la Isla han terminado en las fuerzas rusas, cuántos permanecen allí, cuántos han muerto, cuántos están desaparecidos o prisioneros y qué asistencia reciben sus familias.

Otros países afectados por el reclutamiento ruso han adoptado medidas públicas más visibles.

Kenia ha reconocido la existencia de cientos de ciudadanos reclutados, impulsado repatriaciones e investigado agencias vinculadas al fenómeno. Perú ha realizado gestiones ante Moscú y ha ofrecido información sobre ciudadanos involucrados.

La respuesta cubana, en contraste, sigue marcada por la opacidad.

La Habana anunció 17 detenciones en 2023 y sostuvo posteriormente que había tomado medidas. Pero no ha presentado públicamente resultados capaces de demostrar que el problema fue controlado.

La biografía digital de El Sensei 2002 tampoco demuestra por sí sola la existencia de una nueva red de reclutamiento dentro de Cuba.

Demuestra algo más concreto: en 2026 siguen apareciendo nuevos cubanos en las fuerzas que Rusia utiliza en su guerra contra Ucrania.

Un joven que el 24 de abril publicaba sobre su salida de Cuba aparecía semanas después armado y uniformado con símbolos rusos. En septiembre continuaba mostrando esa vida públicamente y explicaba que había asumido el riesgo «por el bienestar de mi familia».

Casi tres años después de que el régimen cubano anunciara que había actuado contra las redes que llevaban ciudadanos de la Isla a la guerra de Rusia, una pregunta permanece sin respuesta:

¿Qué está haciendo realmente La Habana para impedir que más cubanos sigan el mismo camino?

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Iván León

Licenciado en periodismo. Máster en Diplomacia y RR.II. por la Escuela Diplomática de Madrid. Máster en RR.II. e Integración Europea por la UAB.






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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.



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